LAS CAUSAS PERDIDAS
“La guerra dio al amor el tajo fuerte” A.M.
Yo era de la grey de los novicios
que van por lana y salen trasquilados.
Me senté a esperar el cadáver de mi enemigo
pero vi pasar sus tropas victoriosas
por naciones de escombros y arcos del triunfo,
ojos de la aguja que atraviesa el altivo
camello de su ambición.

Serví a Saladino y al zar de las rusias;
bajo el cierzo, mi galón, en mi uniforme
de limpia estamñea lucía la insignia del Sol Naciente.
Conduje sus carros de combate por campos de algodón
y a los elefantes de Aníbal
rumbo a la cordillera de los gorriones.
Llevo tatuado el rostro de un armenia
sobre la cicatriz de sus arañazos.

Pedí pares y nones: salió el canto de la moneda.
Me afilié al Partido cuando no se cobraba.
Buscaba a Salomón y el juez de la horca
me prendió por cuatrero.
Moví los banderines para que despegara Enola Gay
y sobre las cuádrigas del César
asolé el cancán de la noche parisina
marcando marcialmente el paso de la oca.
Me alié con el Gran Turco y ganó el Papa;
a la fuerza me embarcaron en la Invencible,
mientras huían las ratas y los contramaestres.
De los Tercios de Flandes salí malherido,
confié de firme en el Caballo de Troya
y en el gran padre blanco. Me alisté de artillero
en pleno zafarrancho del Afrika Corps.

Yo era el húsar de la reina que robaba caramelos
y tuve patente de corso aunque ya no hubiera galeones.
Vi morir a los héroes con las botas puestas
y recibí cuatro plumas de un lancero bengalí
que arrasó la biblioteca de Constantinopla.
He vivido en los sórdidos barrios de la buena muerte,
libé el jugo de la derrota añeja que nunca perdona.

Atraqué el fondo de la Reserva Nacional
y no quedaba un céntimo.
Ahora soy el anarquista que duda y se persigna
en las sucias ciudades donde el éxito prospera.
Destruí el mapa del continente hundido
y ensayo ante el espejo la postura del amor,
que es una elegante manera de perder.