FUTBOL TELEVISADO EN UN BAR DE LOS 60
Hombres turbios jugaban entonces al dominó
entre botellas largas y los goles del delantero centro.
Yo miraba sus manos enormes, los rostros que nunca habían visto el futuro,
mientras el centrocampista corría por el césped
junto a series de moda y anuncios de cerveza.
El humo de la sala, la máquina de los discos,
el barman enjuagaba los vasos y el balón
era un punto claro, casi una estrella errante
corriendo por la banda en un televisor en blanco y negro.
Más allá la calle, más allá la gente
era adulta y seria como aquel país terrible
en donde repicaban muertes, canciones de verano,
sucesos y enormes carteles de los cines,
donde la policía era el único juez de línea.
Fuimos los suburbios, lentos motocarros,
ojos sin orgullo contemplando una final de copa,
el aire del bochorno quemando el porvenir.
El tiempo de los sueños no era nuestra patria,
jamás logramos ser el capitán del equipo
y los árbitros tampoco nos dieron la razón.
Por entonces –recuerdo--, yo era un niño remoto,
pero creo que nunca tuve la vida por delante.