YO SOLO PERTENEZCO A UNA DAMA SOLITARIA
El poder y la gloria, el mundo, me ofrecieron.
Y que también pusiera precio a mi destino.
Yo sólo pertenezco a una dama solitaria,
les dije entre las sombras de la estación de autobuses.

Pude haber gobernado países y mujeres,
atesorar las islas, mover los continentes.
Pero formé en la banda de los cantos rodados,
que cruzan sin ruido por chichas y tormentas.

El gran templo de oro, la plata de una estirpe:
Quisieron que cambiase mi instinto por un banco.
Yo sólo pertenezco a una dama solitaria,
contesté a las preguntas de la policía secreta.

Ni rey de no sé dónde, ni dueño de siempre y nunca.
Mis huellas dactilares no están en la costumbre.
Si mentí fue por ella; si regresé, por verla.
Pues la memoria termina donde la mata el mar.

La luz del rascacielos, las monedas que saltan
sobre el vértigo del hombre, me brindaban.
Yo sólo pertenezco a una dama solitaria,
repuse entre los brazos amables de la muerte.