UN LIO DE FALDAS
Yo paso por traidor de mis antepasados
Y ellas es la arrogancia de una muerte bella.
Mi calle daba a cualquier bocacalle.
Mi corazón al río, tras las barandillas.

Vinieron a buscarme con su puñal oculto
En el pañol de popa de las motocicletas.
Eran serios y turbios como los barrios bajos
De donde yo nunca he logrado escapar.

La noche era la noche, como debe ser,
Silbaban disparos y viejas ambulancias.
Me puse ante el espejo de un lavabo público
Con las manos sucias de sangre y malevaje.

La dama duerme ahora en un hostal barato
Contra cuya ventana se refleja el neón
De una sala de juegos donde un chico vocea
La edición matutina del diario local.

Se despertó del sueño sin saber de mis pasos.
Le conté: “Muñeca, he matado por ti”.
Ella me escuchó como quien oye a la lluvia,
Abrió la puerta y me dijo que nada era eterno.