Mala gente que camina
Lo que sorprende es que este asunto siga causando sorpresa. Y no sólo por la excelente distribución que tuvo la novela-ensayo “Mala gente que camina” (Ed. Alfaguara, 2006), de Benjamín Prado. El autor reconocía que, al comenzar a redactar dicha obra, no era consciente de las dimensiones reales de dicho suceso y de la trama de complicidades que hizo posible el proceso de reeducación fascista de los hijos de madres republicanas encarceladas o exiliadas, que eran despojados de la tutela de sus padres, desprendidos de sus apellidos y «realojados» en hospicios o adoptados por familias de orden. Prado denunció entonces «el corto camino que hay entre la ley y la locura», ya que, entre 1940 y 1941, Franco aprobó dos leyes para legalizar la reeducación, basándose en supuestos del doctor Nicolás Vallejo Nájera, ascendido a director del departamento psiquiátrico del Ejército tras diagnosticar al comunismo como «enfermedad contagiosa contra la que había que prevenirse».

"Las íntimas relaciones entre marxismo e inferioridad mental ya las habíamos expuesto anteriormente –llegó a escribir--. La segregación de estos sujetos desde la infancia podría liberar a la sociedad de plaga tan terrible."
El primer precedente legal de dicho tráfico de menores apareció publicado en el Boletín Oficial del Estado del 4-12-41 y se trata de un decreto firmado lógicamente por Francisco Franco que autorizaba el cambio de apellido de los niños repatriados.Al menos sobre el papel, la ley tenía la intención de facilitar una identidad a los niños perdidos de la guerra, facilitaba en la práctica las adopciones irregulares e impedía en gran medida que sus parientes biológicos localizaran a los menores. Se trataba, esto es, de lo que Garzón denomina en su auto “una segregación infantil” que tenía por objeto una más adecuada “preparación ideológica y la afección al régimen” de aquellos menores.
Pero es que desde mucho antes del valiente alegato de Prado ya se estaban poniendo los puntos sobre las íes, incluso en la pantalla grande con documentales como “Los niños perdidos del franquismo”, de 2002, que TV3 emitió a través de su popular programa “30 Minuts”. Se trataba de un reportaje de Montse Armengol y Ricard Belis, con Ricard Vinyes como asesor histórico, que daría pie a un libro editado al año siguiente (Ed. DeBolsillo, 2003). El reportaje mostraba por primera vez unos documentos inéditos del Servicio Exterior de Repatriación de Menores, el organismo de Falange que se encarga de retornar a España a los niños evacuados al extranjero durante la guerra. Dicha documentación venía a probar que los niños eran repatriados sin autorización paterna ni de las familias europeas que les habían acogido y que, una vez de regreso a España, muy a menudo no se les devolvía a sus familiares legítimos porque se les considera "no aptos" para la educación de los niños.